Historia de Galera


Los Orígenes

Castellón Alto
Castellón Alto

Los primeros vestigios de presencia humana en Galera pertenecen a la Edad del Cobre (-2200/-2000), existiendo varios yacimientos dentro del término municipal de esta época, aunque ninguno ha sido estudiado en profundidad.


Hacia 1800 a. C. se desarrolla en el Sureste peninsular la Cultura Argárica (Edad del Bronce) de la que existen en Galera nueve yacimientos a lo largo del curso de los ríos, ocupando cerros elevados, escarpados y de difícil acceso, ideales para la defensa y control del territorio.


Un ejemplo de ello es el yacimiento del Castellón Alto, del que, tras varias campañas de excavación y el posterior estudio del material arqueológico encontrado en él, se ha obtenido una valiosa de información que ha justificado su declaración como Bien de Interés Cultural en 1996.


Era un poblado de mediano tamaño, formado por cabañas construidas con paredes de cañizo revestido con barro sobre un zócalo de piedra y techumbre de ramaje, carrizos, aneas, etc., impermeabilizada con barro. Todo este entramado se sujetaba por vigas y postes de pino generalmente. En su interior han aparecido utensilios como molinos de piedra sobre los que molían cereal, punzones de hueso, hachas y azuelas de piedra pulida, mucho esparto trenzado con el que elaboraban cuerdas, espuertas, esparteñas, etc. con las mismas técnicas que actualmente lo hacen los artesanos del esparto.


Los habitantes se dedicaban a la agricultura en las tierras cercanas al río, cultivando cereales y legumbres principalmente, complementando esta actividad económica con la práctica de la ganadería de cabras, ovejas y vacas.

 

 


Hechos históricos de especial relevancia a nivel nacional

El Período Ibero-Romano

Cerro del Real
Cerro del Real

Una vez traspasada la frontera entre la Prehistoria reciente y la Historia propiamente dicha, la población se establece en el cerro de El Real, más cercano aún a la actual localidad.

 

Efectivamente, en torno al año –1000 se documenta una pequeño asentamiento que permanece habitado en los momentos en que una grave crisis afecta a todo el Sureste, hasta el punto de que muchos poblados desaparecen. El ubicado en El Real, por el contrario, es testigo excepcional de la evolución cultural que tiene lugar en la región. Claros influjos púnicos son patentes en los niveles arqueológicos de este otro yacimiento, que van a dar lugar –con la no menos importante presencia del impacto cultural griego ya en el siglo –V a una destacada población ibérica que pasará a la historia del arte y de la cultura con el nombre de Tútugi.

 

Esta ciudad ibérica, que protagoniza un esplendoroso desarrollo entre los siglos –V y II, será una de las más destacadas de la región. Sólo atendiendo a sus espectaculares enterramientos en la necrópolis tumular excavada entre 1916 y 1918 y a los “principescos” ajuares funerarios en ellos contenidos, la ponen en la cima de yacimientos ibéricos de la península. Piezas como cráteras áticas de alto valor artístico, joyas áureas vinculadas al mundo tartésico, piezas de la estatuaria fenicia únicas como la Diosa de Galera, o de la Fertilidad, hablan elocuentemente de la “revolución” que supone la Cultura Ibérica en esta región del altiplano granadino. Consciente de esta importancia, el Estado declara Monumento Histórico Nacional el área de Tútugi en junio de 1931.

 

La romanización de Tútugi, lejos de suponer la decadencia del área, le dio la oportunidad de entrar de lleno en el mundo latino e integrarse plenamente en las ofertas culturales que ello suponía. De ello nos hablan con total elocuencia los restos de un templo de considerable envergadura existentes aún en El Real, así como las lápidas honoríficas –dos de ellas con el topónimo Tútugi- y funerarias que se conservan en el Museo Arqueológico local. Precisamente una de estas inscripciones alude a la presencia de decuriones en la localidad, desprendiéndose de este indicio la no desdeñable importancia de la Tútugi romana en el siglo III de nuestra Era.

 

Siglos de Frontera

Un nuevo bache ha de atravesar la población en los siglos más oscuros de la Alta Edad Media. Ello no obsta para que ya en los primeros momentos de la ocupación musulmana la zona sea prontamente habitada, tal y como manifiestan las cerámicas paleoandalusíes, presentes así mismo en las capas más superficiales de El Real.


Muy poco tiempo después de la aparición de los norteafricanos, la población cambia de ubicación y de nombre. Ahora nos encontramos a pocos centenares de metros más a poniente, en el cerro de la Virgen de la Cabeza, y la localidad va a adoptar el acertado nombre de Galira, que viene a significar algo así como “tierra de cosecha”.


Gran parte del Medievo transcurre entre continuos sobresaltos de la población al situarse ahora Galira en el espacio fronterizo existente entre los reinos cristiano de Murcia y nasri de Granada. La estratégica situación de su solar, hace que se eleve un castillo (hisn) que jugará -junto con otros de la comarca- un destacado papel a lo largo de siglos de luchas fronterizas. En torno a éste, Galira va consolidándose como villa progresivamente,  a la vez que pasará de unas manos a otras en varias ocasiones.


En 1488 la comarca entera se entrega a los Reyes Católicos en la ciudad almeriense de Vera y desde entonces dependerá definitivamente de la Corona de Castilla. Durante unos años se establece el sosiego entre los musulmanes, ahora bautizados y denominados como moriscos.


La Rebelión de 1568 y la Repoblación de 1991

El malestar nunca solucionado entre cristianos viejos y cristianos nuevos,  se abre camino en 1568 con la explosión de la llamada Guerra de Las Alpujarras, que tiene su inicio a finales de 1568 en la ciudad de Granada. Galera entra de lleno en esta dinámica al estar habitada casi exclusivamente por moriscos. Después de varios episodios, la villa se alza contra la autoridad de Felipe II y en ella se refugian vecinos de las villas colindantes al ser la más fuerte para resistir un más que probable asedio. Éste tiene lugar a manos del marqués de los Vélez, primero, y de don Juan de Austria, después.

 

El hermanastro del rey decide arrasar la villa siguiendo los consejos del monarca, y así lo hace el día 7 de febrero de 1570 tras un horroroso asedio de más de un mes. Decir que entre las fuerzas que cercan la población se encuentran los Tercios de Nápoles y que la suma de los soldados superaba el número de 12.000, da idea de la destacada importancia que se le dio a este hecho bélico. Más de 3.500 muertos entre los de un lado y otro, certifican la tragedia de que fue protagonista Galera.

 

Arrasada y despoblada, Galera es objeto de oferta a los más desheredados del país para que ocupen nuevamente sus tierras. Y así lo hacen a partir de la penúltima década del siglo XVI gentes procedentes de Castilla, de La Mancha, del Reino de Valencia, de la misma comarca de Huéscar...

 

En 1591 se procede a la entrega de las tierras y de los solares para la edificación de un nuevo pueblo, justamente en el lugar que ahora ocupa.  Una de las primeras acciones es restaurar el templo parroquial, que había sido gravemente afectado en los sucesos narrados. Por sus valores arquitectónicos, el edificio se declaró Monumento Histórico Nacional en octubre de 1983. Después, lentamente, va surgiendo la Galera moderna que hoy conocemos.


La consolidación y el abandono

Con el cáñamo se producía gran variedad de productos
Con el cáñamo se producía gran variedad de productos

Los siglos XVII y XVIII suponen una lenta consolidación, que tiene lugar hacia mediados de la segunda de estas centurias. La creación del entramado urbanístico, el asentamiento de estructuras organizativas, la ordenación de la agricultura, la aparición de vez en cuando de epidemias, sequías, inundaciones, la fundación de las hermandades religiosas, la promulgación de decenas de Autos de Buen Gobierno que pretenden controlar la conducta de los ciudadanos, las incidencias indirectas de guerras más o menos cercanas,  los impuestos, los gravámenes, las incipientes luchas políticas... nos llevan al siglo XIX, a mediados del cual Galera conoce un imparable auge, que llega, apenas sin traumas, hasta bien entrado el siglo XX.

 

A mediados de esta última centuria la población supera holgadamente los 5.000 habitantes, que viven básicamente –como sus antepasados de milenios incluso- de la agricultura y la ganadería. Dentro de la primera, el cultivo del cáñamo fue una actividad que generó una riqueza aún visible en las casas que componen el caso central de la población. Pero con la aparición de fibras sintéticas que suplían al cáñamo en la fabricación de cordelería y redes de pesca, hace que la población comience a decaer a favor de la emigración a América, Asturias, Madrid, Cataluña, Baleares, Valencia, etc. Hasta llegar a los escasamente 1.300 con que cuenta hoy en día.

 

Un resurgir de las cuevas –viviendas de la clase más humilde en su día- como alojamientos típicos de turismo rural en los primeros años de la década de los 90, apuntó a un esperanzador desarrollo económico del municipio. Actualmente este sector se encuentra, como muchos otros similares, estancado debido a la tremenda crisis financiera por la que discurrimos hoy en día.

 


Autor: Jesús María García Rodríguez

Fuentes:

 www.galera.es

Elaboración propia parcial

 

 


Archivo Histórico de Galera

Video sobre Galera

Cortesía de Fermín Guillén

Guión, texto y realización: Jesús Mª García Rodríguez

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