La Vendimia...es una aventura

Lunes 2 de Octubre de 2011, 7:30 am. Se mezcla entre sueños la broma de turno de la radio. Es la hora, hoy comenzamos la aventura…por primera vez. Hoy hacemos vino con uva de nuestra propia viña. Desayunamos un café y tostada (de tomate, la mejor) para tomar fuerzas y salimos directos hacia la viña: la uva nos espera. Antes descargamos en el lugar de prensa algunos capazos que ya recolectamos el día anterior, para acabar en la viña. ¿Tendremos espuertas de sobra? Yo creo que nos faltarán, pero bueno, damos varios viajes. Esto promete…estoy ilusionado con este arte.

vendimia galera
Vista a la viña

Llegamos a la viña y ya desde arriba del camino nos olemos algo que no cuadra…No puede ser, no dábamos crédito a lo que veíamos…¿dónde están las uvas?! ¡No hay uvas! Nos damos una vuelta, otra, vemos una viña, la otra, la otra…¡Joder, los pájaros, zorras y avispas se han puesto las botas a nuestra salud! Mi padre con un cabreo de aquí a Lima: “No puede ser, mira que lo sabía. Teníamos que haber vendimiado hace dos semanas. Hemos estado alimentando a los pájaros. Hemos trabajado para los pajarracos éstos” – fueron sus palabras-. La ilusión se vino (nunca mejor dicho) abajo en menos de un minuto…¿Cómo haríamos vino sin uvas? “Bueno papá, vamos a coger las que queden y ya veremos si tenemos para llenar la prensa” (prensa de 50 cm que compramos expresamente dos días antes -por cierto que la pagamos con almendras, trueque total-).

Cuchillo en mano, viña sí, viña no; así empezamos a recolectar la poca uva que estos encantadores animalitos nos dejaron con cariño para hacer vino (cómo año la naturaleza a veces…). Recogíamos hasta los racimos más cutres y escuálidos, con el fin de recoger el máximo número de granos (ya no hablo de racimos) para la prensa. De fondo seguía escuchando “no puede ser, no puede ser”. Terminamos sin darnos cuenta. Siete filas de viñedos y 20 minutos después dieron como resultado un total de tres capazos llenos; ese fue el gran remate de tan esperada mañana.

 

Montamos nuestra recolecta tan estupenda a la furgoneta y nos vamos para donde tenemos la prensa, esperando a que le den caña (como si fuera a sufrir hoy…menuda tortura que va a pasar la pobre…). Llegamos y descargamos los capazos mientras le damos la buena nueva a la señora de la casa (o del cortijo en este caso). Incrédula le tenemos que mostrar el resultado para que nos creyera. “Pues nada, esto es lo que hay” –digo. “Esto lo mejor es pisarlo directamente en las espuertas” –escucho decir a mi padre. “Nade de eso, ya que hemos comprado la prensa para la ocasión (y futuras, ¡ya veremos a este paso!), tenemos que estrenarla, aunque hagamos nada más que una” –les digo.

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La herramienta principal: la prensa

Tras pensar las opciones, razonar (con la mente ya nublada) y decidir, nos disponemos a montar la prensa para echar la uva. Antes habrá que desgranarla (quitarle el racimo) con el despalillador. Esta máquina es como el tambor de una lavadora con un tamiz en círculos alargado, que da vueltas con unas aspas de forma tal que mientras separa los granos de uva de los racimos, hace que éstos caigan al fondo (desgranándolos y cortándolos) para darles salida por un tubo de plástico que va hasta los capazos u otro recipiente, obteniendo de esta manera el hollejo o casca, y desechando los racimos, que luego nos servirán para darle altura al hollejo (que nos hará falta) una vez vaciada en la prensa.

 

Lo mejor del despalillador: la rapidez con la que se obtiene el elemento base para la prensa.


Lo peor del despalillador: su limpieza es ardua, lenta y algo peligrosilla debido a las afiladas aspas interiores

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El despalillamiento
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Hollejo o Casca saliendo de la despalilladora

Ya tenemos el hollejo listo para vaciar en la prensa. Uno, dos, tres, cuatro y cinco capazos de hollejo, parece que va a llenarla. Además, le echaremos entre capazo y capazo, más o menos a la mitad de la altura de la prensa, otra espuerta de casca con tinta (prestada) para que le de color al “fino líquido que emanará” del artilugio éste. Encima del todo, una vez vaciados las capazas de casca, echaremos los racimos desechados en la despalilladora para darle un poco de más altura al mecanismo. Listo. Tapamos la prensa, añadimos las maderas para dar más altura aún y finalmente insertamos el mecanismo de palanca en el husillo (pieza central y en espiral de la prensa que sirve para girar y apretar la tapa de madera).

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Etapa de prensado

No le das siquiera a la palanca de la prensa y ya sale el mosto…qué buenísimo. ¡Quiero una de estas para Reyes y así prepararme mis zumos de frutas! Con algo de dificultad principiante, comenzamos a apretar la prensa poco a poco. Mira que el mecanismo es el de un chupete…pero hasta que no le “pillas el truco” no te haces con él… A prensar, a presar, tralaralará, tralaralará…¡ya soy “viñetero”!

 

Lo mejor de la prensa: la artesanía con la que la hacemos. Esfuerzo y tesón hacen que el bodeguero se sienta más satisfecho con su trabajo.

 

Lo peor de la prensa: que no es hidráulica (vamos, que no baja sola por el husillo por vergüenza).

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Sumidor

En la bodega-cueva, donde tenemos el bidón en el que se fermentará el vino, vamos rellenándolo con cada capazo de zumo que va saliendo de la prensa. En principio teníamos dos bidones preparados, pero creo que con uno nos sobrará (put** pájaros…). Cuando se termine de vaciar todo el zumo de la prensa, le echaremos la madre (hollejo sin prensar) para que fermente. Esto requerirá una labor menos dura que la pisa, pero más asidua y cotidiana durante unos quince días (según la temporada, humedad y temperatura de la bodega), que será la de sumir o sumergir esa madre en el vino cada día para que no se eche a perder. Eso lo haremos con el sumidor artesano que nos hemos fabricada (un poco largo para la ocasión, por cierto).

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Desecho del prensado

11:30h. Es hora de desayunar (de nuevo, como los buenos currantes). Café y tostadas, para variar. La prensa está ya casi lista, la hemos apretado en varias ocasiones y aún sigue saliendo jugo, aunque no con tanta fuerza; tampoco es bueno exprimir la uva al máximo, que luego puede salir agrio el vino. Ya mismo “terminamos” (o eso creí).

 

Las 12:30 y sigue saliendo zumo. A la prensa, que está fuera, le está “cascando to’ el sol” y no hay quien esté ahí más de 2 minutos prensando. ¡Vaya día de calor que hace! Y eso que sólo hemos podido hacer una prensa con la uva de que disponíamos…si cogemos los once capazos que teníamos…¡me tengo que pedir una semana de vacaciones para terminar la pisa! Como dicen, no hay mal que por bien no venga. El año que viene, si el tiempo (y los pájaros) lo permite, obtendremos más uvas, por lo que deberemos vendimiar el día anterior a la pisa.

Ya está todo limpiado, desarmado y vuelto a montar, recogido y guardado: la prensa para adorno hasta el año que viene; el despalillador y las espuertas devueltos a su dueño (nos los prestaron, no se puede hacer toda la inversión el primer año a no ser que seas el Marqués de Cáceres); el vino bien resguardado en su bodega. Se acabó.

 

No se acabó. Hay que preparar el medio de pago de la prensa. Sí…¡las almendras! Tenemos que meter en sacos las almendras del montón que hay en la nave para llevarlas a la tienda donde nos vendieron la prensa (que como se habrá podido comprobar, son cooperativa y compran almendra). Quince sacos con una media de 40 kg cada uno, llenos, amontonados y cargados en su medio de transporte…el complemento perfecto para estar en forma cada día (lo estoy viendo en los programas de las 00h tipo “La Tienda en Casa”: “llévese ahora estos 600kg de almendra a casa y olvídese de pagar gimnasio, salir a correr en horas intempestivas o dejar de comer lo que más le gusta…”). Que me pierdo. Bueno, las pesarán y en función de la calidad y peso de la semilla, nos darán un precio u otro. Con que cubra el coste de la prensa, nos vale…Y nos valió: 613kg en total ¡y encima nos sobran 120€! No duraron mucho: se invirtieron en la compra de capazos para el año que viene, en el acto. Lo comío por lo servío. Sólo nos queda esperar, mimar, cuidar, adorar, suplicar, pedir , invocar, rezar e implorar para que, al menos las escasas 60 botellas de vino que puedan salir finalmente sean eso: vino.

 

Nota: Está claro que la producción artesanal aquí descrita es a pequeña escala, habiéndose realizado en otro lugar distinto del caraterístico: la bodega. No obstante, creo que os habréis podido hacer una idea de esta tradición tan longeva.

Corolario

pisa uva galera

“Al pan pan, y al vino, vino.”

Refrán popular

 

“Con pan y vino se anda el camino.”

Refrán popular

 

“El vino es la más sana e higiénica de las bebidas.”

Luis Pasteur


“El vino da brillantez a las campiñas, exalta los corazones, enciende las pupilas y enseña a los pies la danza.”

José Ortega y Gasset


Y por si acaso el resultado no es el esperado, nos consolaremos con ésta:

 

“Un mal escritor puede llegar a ser un buen crítico, por la misma razón que un pésimo vino también puede llegar a ser un buen vinagre.”

François Mauriac (1905-1970) Escritor francés

 

 

Saber más sobre la vendimia en Galera

 

Entrada del blog: La viña y la familia

 

Sección de la web: La pisa de uva en Galera

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